Hacia donde se dirige la industria de la moda.

El mundo está cambiando. La industria de la moda también. Ya no es extraño ver nuevos empresarios que de la noche a la mañana se convirtieron en vendedores de todo tipo de mercancías sin tener que invertir en abrir una nueva tienda.  Atrás quedaron los paradigmas de tener grandes sumas de dinero para poder convertirse en un empresario .  El inicio de un universo de redes que nos conectó con el mundo a través de la pantalla de un celular lo cambio todo. Los llamados emprendedores son personas con un pensamiento diferente a cerca del mercado.  Ellos nos enseñan todos los días que oportunidad que se te presenta, la tienes que aprovechar porque no sabes que sucederá mañana en tus redes. Un video simple, un chiste, una emulación o un baile puede ser la puerta que se abre a la fama. Precisamente esa fama hay que aprovecharla. Eso es lo que cambio todo.  Los nuevos influenciadores que contaron con suerte son los reyes de nuestros tiempos.  Para serlo no hay que gozar de apellidos, educación, dinero o grandes logros. Es así como aparecen las tiendas en línea o E-commerce y desbancan a grandes marcas porque venden a través de una historia.  Volvimos a los culebreros (vendedores de calle)  el discurso ahora es más estético pero sigue buscando el mismo fin, vender. Atrás quedaron los miedos de ser robados en internet, la seguridad de las páginas nos da fe de que el que dudaba para comprar en línea, ya se detiene a observar el fenómeno con la amplia posibilidad de caer en el. Asi que la industria textil ahora recorre nuevos caminos que de la noche a la mañana genera nuevas necesidades y formas de vender. Los jóvenes han sido quienes más lo aprovechan porque su miedo al fracaso es solo eso, miedo, no el paralizante terror del que padecen los no milenials. Vestirse dejó de ser una necesidad para convertirse en una forma de expresión. Las copias ahora son inspiraciones en un mundo donde todos podemos estar. Es tan cierto que los mayores se arriesgan a hacerlo porque el reto de los precoces empresarios desafía cualquier pronóstico. Las marcas cuentan historias, usan el dolor, la imperfección, la libre expresión para vender.  Se acerca por lo tanto la era de celebrar la derrota como un divorcio, celebrar haber perdido no suena tan loco si consideras lo fugaz que es la vida y lo impredecible que puede ser el mañana. Hoy la industria se detiene a mirar, la cantidad de agua que consume una prenda, el daño que hacen los procesos y ser auto sostenible amigable con el planeta ya no es un discurso anticuado.  Cuidar de las mascotas, recuperar la ropa de nuestros abuelos y regresar a la esencia nos da identidad. No estamos ausentes.  Todos queremos hacernos oír a través de los atuendos. Finalmente el universo textil no ha cambiado, nosotros decidimos cambiarlo cuando elegimos que usar y apelamos a los valores y la sensibilidad humana al comprar una prenda. La revolución de la individualidad como forma de expresión respetable nos conduce a un mundo más consciente, más confiado y más libre. La industria textil mira hacia atrás a los procesos artesanales, a la vida sana y a la vida lenta donde vivir cada instante se convierte en una forma de ser antes de que otra sopa de murciélago nos haga encerrar.
El mundo textil  regresa a nuestros ancestros, reflexiona sobre el sentido de lo que usamos y nos enseña que el día es hoy. Requiere pensar, deleitarse mas, sin miedo a lo que opine el otro.  Debemos aprender de los nuevos genios que han hecho de un sueño un negocio que les paga mas que tener una carrera y ser un gran ejecutivo.
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